Adoración Eucarística

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Todos los martes de 6:00pm a 8:00 pm

Ven y encontrarás un ambiente adecuado para la contemplación de Jesús en la Eucaristía.

Te ofrecemos un espacio de silencio donde podrás encontrar a Jesús realmente presente.

Ahí podrás conocerle mejor; ahí podrás acompañarle; ahí aprenderás a vaciarte de ti para ser llenado por Él, siendo el Espíritu Santo tu maestro interior.

Qué pierde Dios

Fernando Torre, MSpS.

Superior General

Platicando con un sacerdote sobre sus dificultades para perseverar en la oración, me dijo: «sé que si no hago oración, el único que pierde soy yo». Lo dijo tal vez para enfatizar que estaba desaprovechando las gracias de Dios. Sea cual fuere su intención, me impresionó la frase «el único que pierde soy yo». ¿Acaso Dios no pierde nada si no hago oración?

El trato con Dios es una verdadera relación interpersonal; por lo tanto, ambas partes se benefician. El maestro no sólo enseña a sus alumnos; también aprende de ellos; el médico da al enfermo, pero también éste le da al médico. Esta reciprocidad es mucho más clara en la amistad, pues allí es fundamental. En la oración, Dios me da y yo recibo; pero también él recibe lo que le doy.

Dios no es un ídolo impasible, al que le sea indiferente lo que yo hago o dejo de hacer. Dios se alegra cuando lo busco, se entristece cuando me alejo de él.

Cuando sé que a una persona le agrada mi presencia, busco visitarla. Pues a Dios le agrada infinitamente que lo visite; si no lo hago, dejo de darle esa satisfacción; y entonces él pierde.

Si no estoy dispuesto a recibir sus dones, Dios pierde la alegría de dar. Si no le pido perdón por mis faltas y pecados, privo a Dios del consuelo de ser misericordioso. Si no lo busco, impido que experimente la emoción de ser encontrado. Si no le suplico que me ayude en mis angustias y trabajos, o que impida o remedie algún mal, le quito la posibilidad de mostrarse como mi salvador. Si no le agradezco sus dones y beneficios, le robo la satisfacción de mi gratitud. Si no le expreso el orgullo que siento de tenerlo por Dios, lo privo de la gloria de mi alabanza. Si no le expreso mi amor, Dios se pierde la maravillosa experiencia de sentirse amado.

Si no hago oración, ¿soy yo el único que pierde?

 

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